miércoles, 9 de marzo de 2016

Desgarre.



Empecé a creer que realmente estaba rota cuando te vi.
Cuando te vi y no era conmigo.
Cuando tus manos se entrelazaban con otras que no eran las mías.
Cuando tus sonrisas las provocaba ella.
Cuando era ella la que te besaba en aquella galaxia que tenías por labios.


Me rompí al llegar a casa y ver que no eras tú el que me recibía.
Grité;
Lloré;
Desgarré;
Caí.
Acabé aplastada sobre la que solía ser nuestra cama.

Sobre millones de risas que ahora sonaban a nostalgia.


sábado, 5 de marzo de 2016

Versos muertos.


¿Lo escuchas? Sé que eres capaz de escucharlo.
¿Lo sientes? Seguro que sientes el caos.

 Te late el vacío, late porque grita.
Grita que te llenes, que busques.
Grita que me encuentres.

 ¿Y si lo escucho? No puedo oírlo.
¿Y si lo siento? He dejado de sentir.

 Hace tiempo que los versos murieron.
Hace mucho desde que no te busco.
Hace bastante que no te lloro.

 Y te escribo.
Escribo porque los versos ya están muertos.
Porque aunque no te busque, rondas entre el caos.
Porque quiero que me escales.

 Quiero que te lleves mi corazón y lo aplastes.
Que esté contigo.
Pues los versos están muertos.
Y yo he muerto con ellos.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Planeta.



 He llorado porque le he dado pocas pinzeladas rosas a tus labios cuando aún podía besarlos. 
He gritado por no haber acariciado el azul de tus pómulos.
Me he vuelto histérica cuando me alejaste de tu planeta. 

 Y te observo.
Observo cada uno de los sitios de tu superficie, planeta.
Vivo atrapada dando vueltas sobre ti.
Soy un pequeño satélite perdido en tu órbita.
Para mí tú eres mi iman repelente.
Por desgracia, así es. 

 No puedo acercarme para olerte el pelo a rosas.
Se me tiene denegado el acceso a mirarte las estrellas que tienes por ojos.
Ni siquiera puedo enterrar el rostro en tu clavícula. 

 Planeta, eres arte.
Tienes dolor.
Eres poesía.
Eres amor. 
Eres mía.
Aunque me huyas, planeta.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Y te vas.



Tal vez debiste haberte marchado mucho antes.
Quizá no me hubiera pegado a tus besos,
tal vez tu cuerpo ahora no me cortaría.
Puede ser que no estuviera tan rota.

 Llevo fatal esto de sentarme en el césped sin que me hagas cosquillas,
mirar la marea y que no me hagas reír por lo boba que me quedo...
No puedo contener ni deshacer este maldito nudo que tengo en la garganta.

  Ojalá escucharas mis gritos en las noches,
mis ''vuelve'' que no dejan de invocarte.
Ojalá supieras lo que abrazo a aquel peluche, del que solo tú y yo sabemos.

 Y que me levanto cada día mirando nuestras fotos.

Que también me niego a quemar tu sonrisa capturada.

Y me opongo a dejarte escapar de los recovecos de mi mente.

A dejar de imaginarme un futuro contigo.
 Pero te has ido y, joder, que me arde el pecho. 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Ida y vuelta.





 He soñado con despertar.
Despertar abrazándote.
Despertar oliendote.

 He creído que te ibas a quedar.
Que dura la marcha.
Que fría la vuelta.

 Me he cansado de olerte a cigarrillos.
Besarte por alcohol...

 Buscarte es difícil.
Hallarte me hiere.
Ahora escuecen tus abrazos.
Quiebran tus palabras.
Queman tus besos...

Que si quiero que algo vuelva...Sea tu risa.
Tu perfume a descontrol, pero conmigo.
Si vuelves...
Llename de asteroides.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Caos.


Me quemé con tan solo rozarte el corazón.
Estallé en miles de fragmentos sin razón.
Caminé descalza sobre aquellos trozos.
Vi la sangre a borbotones y me escondí en tus brazos.
O eso creía.

 El vacío crecía con ímpetu.
Se apoderaba de cada canción.
De cada metro.
De aquella plaza donde tus labios rozaron los míos.
El vacío enfrió las navidades.
El verano tronó y la lluvia cayó sobre mi alma.

 Las tormentas se volvieron innevitables.
Escuché el canto de la lluvia al chocar contra mis hombros.
Los escalofríos que producían los truenos.
Nubes chocando.

 Dejé de llenar el techo de estrellas.
El caos las devoraba cuanto quería.
Dejé de retorcer el corazón.
Que arrugado acabó.
Terminé de susurrarle a tus labios.
Opté por lanzarme a el caos.

miércoles, 20 de enero de 2016

Las mariposas que ocultan mis ojos.



 Me despierta el susurrar que desprende tu piel rozando contra la mía. Abro un poco los ojos, percibiendo así el rayo de sol que se cuela por la ventana iluminando el escritorio repleto de hojas con mil garabatos que no me llevan a nada.

 Pongo atención y soy capaz de percibir el choque que tiene la brisa sobre el roble que ocupa el jardín, como sus hojas colisionan entre sí y aquellas que no son tan fuertes caen sutilmente sobre el césped.

 Me incorporo y noto un dolor de tripa no tan desagradable. Son las mariposas que hay detrás de mis ojos. Las que calladas y al mismo tiempo indiscretas, caen en picado hacia mi tripa. Y es entonces cuando me miras o simplemente tus dedos se deslizan sobre los recovecos de mi cuello. Inyectando esa chispa que quema, capaz de derretirme.

 Son los secretos que guardo en esa caja que huele a madera vieja y polvo.
Son aquellos sentimientos que se graban en un anillo de esperanza o en una piel sin ánimos.