viernes, 23 de septiembre de 2016

Me faltas.


 Empecemos por escribirle cartas a tus sonrisas muertas, para decirles a ellas que sigo esperando que el tren pare en el andén de mi soledad, y que me abrace. Que sigo tumbada sobre el charco de tus besos, sabiendo que el suelo está seco y que las nubes no van a lloverte por mucho tiempo. Quizá jamás.

 Sigamos leyéndole a mis miedos, con tu voz como portadora de los recuerdos más felices de mis pesadillas. Con tu implacable tacto impregnando mis nervios, alborotando mis ganas de lanzarme por la borda sin siquiera pensar en otra cosa si sé que vas a estar esperándome en el fondo.

 Si me esperas... Te juro que si me esperas por un segundo más, voy a lanzarme por este nudo de la garganta que me aterra desde el día que no he vuelto a respirar... Porque me has faltado tú desde el principio de esta historia larga y sin sentido, escrita desde algún escondido lugar en mi pecho, donde tengo problemas hasta para que la sangre me circule si no estás tú diciéndome lo hermosa que te parezco. Aunque sea una mentira que simplemente quiero oír.

 Terminemos de leer esta absurda y cursi teoría de que vas a volver, que no hay mejor puzzle que tu sonrisa mezclada con los besos que te pedía a lo lejos, cuando no podía sentirlos. Vamos a creernos que seguimos latiendo a ritmos disonantes, pero constantes. Que cuando dejes de latir tú, te siga yo y viceversa. Vamos a acabar de escribir, porque lo cierto es que soy yo la única que escribía desde el principio.

sábado, 13 de agosto de 2016

Y me besas.

 Ven, vamos a besarnos.
 A hacerlo con la delicadeza de un te quiero tímido.
Con el coraje de aquel que tiembla de amor y habla.

 Marchémonos.
Al viaje escalofriante de verte sonreír.
Al miedo de llorar porque quieres demasiado.

 Vamos a querernos.
Sin puntos, comas o paréntesis.
Escribamos nuestra historia interminable.
Aquel libro que tiembla por tener escrito tu nombre.

 Y como decía antes, vamos a besarnos.
Corre, que el tiempo apresura.
Se acaba.
Se detiene.
Estás aquí.
Sonrío.
Y me besas.

domingo, 7 de agosto de 2016

Lluvia.



 Nos subimos en una nube.
Ni siquiera sé cómo tronó.
Pero la tormenta nos alcanzó.
Los rayos pulverizaron tu corazón.
Las sonrisas desfallecieron. 

 Estallé en mitad de la tempestad.
El viento envolvió mi cuerpo.
Caí sin darme cuenta.

 Me dolían los pulmones.
No me alcanzaba el oxígeno.
No pude más.
Acabé siendo lluvia.
De esa con la que te gustaba besarme.
La melancólica.
Inspiradora de los escritores decaídos.

 E iba cayendo una y otra vez, a pedazos.
La calle estaba esparcida de mi tristeza.
De mi dolor.
De mi corazón.

sábado, 23 de julio de 2016

La lentitud de un te amo contenido.




Me hundo entre nuestras respiraciones.
En el choque de nuestros pulsos acelerados y la lentitud de un te amo contenido. 
En la caricia sobre aquel punto que nos hace tan débiles. 
En el beso más eufórico y cargado del mundo. 

  Y aún no me puedo creer esto. 
Que solo lo recuerde.
Que no pueda volver.
Que solo me quede la memoria, el esperarte. 
Sabiendo que no tengo lugar.
Que tu pecho cobija otra sonrisa y la mía sigue atrapada. 
Buscando la manera de encenderse.
Sin ti. 

domingo, 26 de junio de 2016

Contigo.



Vamos a jugar. 
Voy a besarte los puños hasta ver desaparecer los cardenales.
Voy a acariciar tu cadera hasta que llores de la risa. 
Besaré tu cuello hasta que me supliques que pare.
Te sonreiré hasta que me duelan los pómulos. 
-

Porque si algo tengo claro es esto, pero contigo. 
Que cada día al dormir, te sueñe.
Que cada amanecer pueda besarte la frente al verte a mi lado.
Que cada mañana pueda despertarte.
Mirarte.
Susurrarte. 
Y que no, que no me voy de tu lado. 

 Y ahora mismo el mundo va a estallar. 
Pues nuestros meteoritos van a colisionar.
Van a fundirse.
Voy a hacer el mundo nuestro, cariño.
Pero siempre contigo.

domingo, 12 de junio de 2016

Chica laberinto.

Ves? De un día a otro, te perdiste.
No debiste entrar en mis ojos,
encabezar una marcha por mis nervios,
caminar sobre mis pulmones,
saltar en mi corazón.

  No debiste retorcer mis entrañas,
dibujar mariposas en mi estómago,
llenar de fantasía mi cerebro. 

 A pesar de todo, te perdiste.
Acabaste golpeado por mis pulmones, estallando.
Magullado por mi corazón, rompiéndose. 
Terminaste gritando alimento, pues no llegaba sangre a mi cuerpo.
Temblaste cuando de golpe, me paré.
Cuando decidí echarte de mi pecho.
Cuando te aplasté a ti y tus mentiras.

 Encontraste entonces la salida.
Enrojeciste los trozos de mis pulmones.
Irritaste mi garganta.
Rompiste mis dientes. 

 Acabaste fuera de mi laberinto.
Fuera de mí y de todo lo que tenía que ver conmigo,
tuviste suerte, pues aquel laberinto que era yo, 
acabó en ruinas al verte con otro laberinto más simple.
Porque mis paredes retorcidas, se hundieron.
Porque dejé de perder gente para perderme a mi misma.

lunes, 16 de mayo de 2016

Rabia.

 Admito que la rabia me supera.
Que es ver las indirectas que os lanzáis, y detenerme.
¿No soy suficiente? 
Mi pecho no puede evitar partirse, desangrarse.

  Intenté dejar de sentir, ahogarme en mi pequeño
y solitario mundo, donde no hay cavidad para recordarte. 
Pero siempre arrasas con mis planes, inundas mis recovecos.

   Estoy harta. 
Hasta las narices de sonreírte sabiendo que tus trabaduras 
de palabras eran porque no se las decías a la correcta.
Que mientras me abrazas ahora, piensas en ella todo momento.
Que tus labios me besan por compromiso aunque solo desees los suyos.

   Y estallo en esta batalla interna.
Me dejo caer. 
Siento con la punta de mis dedos como la soledad pisa cada uno
de mis músculos y me hundo.
Riego la planta de dolor que me envuelve con mis lágrimas.
Dejo de latir.