miércoles, 20 de enero de 2016

Las mariposas que ocultan mis ojos.



 Me despierta el susurrar que desprende tu piel rozando contra la mía. Abro un poco los ojos, percibiendo así el rayo de sol que se cuela por la ventana iluminando el escritorio repleto de hojas con mil garabatos que no me llevan a nada.

 Pongo atención y soy capaz de percibir el choque que tiene la brisa sobre el roble que ocupa el jardín, como sus hojas colisionan entre sí y aquellas que no son tan fuertes caen sutilmente sobre el césped.

 Me incorporo y noto un dolor de tripa no tan desagradable. Son las mariposas que hay detrás de mis ojos. Las que calladas y al mismo tiempo indiscretas, caen en picado hacia mi tripa. Y es entonces cuando me miras o simplemente tus dedos se deslizan sobre los recovecos de mi cuello. Inyectando esa chispa que quema, capaz de derretirme.

 Son los secretos que guardo en esa caja que huele a madera vieja y polvo.
Son aquellos sentimientos que se graban en un anillo de esperanza o en una piel sin ánimos.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Esperaba.



Miraba a través de aquella ventana al cielo azul pálido y a los ligeros toques malva que resaltaban sobre éste.
 Mientras lo observaba, me percaté de que, una vez más, te echaba de menos. Me resultaba completamente imposible resistirme a mirar hacia tu ventana, en la calle de enfrente, esperando tal vez que aparecieras con tu taza de café caro en mano y que, al beber, te mancharas la parte superior de tus labios con espuma y me hicieras reír.

 Esperaba que simplemente volvieras a levantar aquella persiana que llevaba sin moverse nueve largos meses, que gritaras y te escuchara toda la calle que me querías. Me encantaría que pudieras regresar de esos tres metros bajo tierra que te tienen atrapado, lejos.

 Y ahora, desde el alfeizar puedo apreciar el cielo negro sin estrellas. Ahora que me he dejado caer sobre la cama y las lágrimas no hacen el esfuerzo por detenerse, sé que te echo de menos, que serás la única estrella diminuta que me observa sin siquiera yo ser consciente, que moriré intentando olvidarte.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Aquel fue el día.



Aquel fue el día. El día en el que decidiste marcharte por la puerta sin siquiera echarme un último vistazo.

 Aquel fue el día en el que el peso que llevaba sobre mi espalda acabó tirándome al suelo sin importar las cicatrices que se empezaban a abrir por el impacto.

 Claramente. Aquel fue el día en el que tus ojos me sonrieron por última vez. Tus pasos resonaron, haciendo crujir las maderas. Tu mano cerró la puerta. Ya no estabas.

 Aquel fue el día que empecé a crecer, a hacerme fuerte a raíz de los pocos trozos que rellenaban el interior de mi vacío pecho. Aún lo siento.

  Puedo percibir aún  tus manos rasgando mi pecho, arañando mis pulmones y arrancando de cuajo aquel órgano que solía contener la mayoría de cosas que se refieren a ti. Recuerdo verte clavando las uñas y rompiendo en trozos diminutos aquel corazón, dejando solo un trozo pequeño rellenando algo que ya no tenía sentido.

 Aquel, simplemente fue el día. El dia en el que mi corazón dejó de oprimirse y estalló.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Somos nosotros, pero sin el nosotros.



 Es el manejo ágil que hay en tus dedos, deslizándose con cuidado sobre mi espalda. 
Es el movimiento de tus caderas, atrayendo las mías, fabricando una perfecta danza.
Son los lunares que decoran tus pómulos. 
Tu abdomen en el que mis manos se deslizan. 
 Es tu corazón intacto rompiendo el mío.
Otra vez. 

 Son mis lágrimas.
El mapa fracturado que ambos construimos.
Es el acantilado donde el miedo se esconde y la rabia fluye.
El frío de mi cuerpo.
La cama vacía sin motivo. 
La melodía melancólica. 
El adiós escrito en letras cursivas.
Es el poema donde nada se entiende. 


Somos nosotros descubriéndonos.
Somos nosotros, pero sin el nosotros

jueves, 5 de noviembre de 2015

Tiempo.



No hay presente. Ni siquiera esto que estáis leyendo es presente, porque ahora mismo es completamente pasado. Y ahora. Sigue pasando.

 El tiempo se nos escapa de las manos como si de agua se tratase. Estamos muriendo desde el día que nacemos. Nos miramos en el espejo, esperando ver que todo sigue en orden, pero cada día nos pudrimos, nos desgastamos y no hay manera de frenar a la muerte.

 Tarde o temprano nos envuelve con sus brazos fríos, se lleva con ella el alma, dejando en tierra un cuerpo, que en unos diez años simplemente será un leve recuerdo una vez al año y poco a poco, desaparece.

 Me estoy muriendo, es cierto, esto no es presente, es pasado, ¿Qué voy a hacer? Te quiero en pasado y futuro, pero aunque te piense también en presente, pasarás a pasado y a su vez, a futuro.

 Y de nuevo el tiempo me resbala, me atasco en el pasado, presente y futuro en vez de correr y abrazarte, de decirte lo que miles de veces escribo en cartas encerradas bajo el colchón de mi cama. No te busco porque tengo miedo de que sea tu presente y pase a tu pasado. Tengo miedo porque incluso si tuviéramos futuro, el tiempo dado me parece tan limitado. Porque quiero más que tiempo contigo.

 Me gustaría navegar en tu mar, surfear tus olas sin horario, ahogarme en tu océano cuando llegue, pero no quiero perderte, no quise ayer, no quiero hoy, pero, ¿Quién sabe mañana?

sábado, 17 de octubre de 2015

En llamas.

 Te prometí mi vida, aquel frío día.Nunca he querido tanto a nadie.
No creo que vuelva a hacerlo.

 A veces la gente se lo pregunta,
¿Por qué eres tan fría?
Ellos no saben, que estoy en llamas.

 Maldito el infierno de nombre y apellidos.

 ¿Cesará algún día?
Estoy cansada,
a punto de tirar la toalla,
harta.

 El incendio se propaga lentamente,
pero siento como me quema.
Estómago, pulmones, garganta...

 Tengo miedo.
No estás,
te has ido,
provocando el incesante fuego,
esperando devorar mi cuerpo,
convertirme en ceniza.

jueves, 8 de octubre de 2015

Cold.


 El frío invierno se precipitó  en su moribundo cuerpo.
El hielo empezaba a caer, provocando bruscos golpes contra su decaída espalda. Y por más frío que adornara su cuerpo, ella seguía inmóvil, tratando de despertar de la eterna pesadilla de una monotonía de sueños de papel, quemados en la hoguera de el más temible sufrimiento.

 Pronto sentía que su corazón latía por el mero echo de que tenía que hacerlo, no porque ella quisiera. Sus ojos amoratados se cerraron una vez más. Su alma, tratando controlarse, buscaba la forma de acabar con todo aquello, con el infierno que vivía dentro de una cáscara de hielo.

 Pronto todos se alarmaron el día que la muerte, deambulaba por las calles de una roma ya destruida, el caos que colmaba dentro de ella temía ahora que sucumbiera entre capas de polvo y ceniza, pero ya era tarde. Todo aquello iba a tener un punto y final.

 La muerte se preguntó entonces por qué querría aquella hermosa joven ser destruida, pero en cuanto visualizó él mismo el paraíso oscuro que rellenaba su cuerpo, decidió acabar con su dolor.

 Ella marchó rumbo a lo que parecía ser el mejor de los momentos de su vida y, por primera vez en años, su rostro formó una sonrisa. Al mismo tiempo que sus labios formaban una perfecta melodía, otra que provenía del interior de su pecho, acabó realentizandose, hasta que simplemente quedó omitida.