miércoles, 10 de febrero de 2016

Ida y vuelta.





 He soñado con despertar.
Despertar abrazándote.
Despertar oliendote.

 He creído que te ibas a quedar.
Que dura la marcha.
Que fría la vuelta.

 Me he cansado de olerte a cigarrillos.
Besarte por alcohol...

 Buscarte es difícil.
Hallarte me hiere.
Ahora escuecen tus abrazos.
Quiebran tus palabras.
Queman tus besos...

Que si quiero que algo vuelva...Sea tu risa.
Tu perfume a descontrol, pero conmigo.
Si vuelves...
Llename de asteroides.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Caos.


Me quemé con tan solo rozarte el corazón.
Estallé en miles de fragmentos sin razón.
Caminé descalza sobre aquellos trozos.
Vi la sangre a borbotones y me escondí en tus brazos.
O eso creía.

 El vacío crecía con ímpetu.
Se apoderaba de cada canción.
De cada metro.
De aquella plaza donde tus labios rozaron los míos.
El vacío enfrió las navidades.
El verano tronó y la lluvia cayó sobre mi alma.

 Las tormentas se volvieron innevitables.
Escuché el canto de la lluvia al chocar contra mis hombros.
Los escalofríos que producían los truenos.
Nubes chocando.

 Dejé de llenar el techo de estrellas.
El caos las devoraba cuanto quería.
Dejé de retorcer el corazón.
Que arrugado acabó.
Terminé de susurrarle a tus labios.
Opté por lanzarme a el caos.

miércoles, 20 de enero de 2016

Las mariposas que ocultan mis ojos.



 Me despierta el susurrar que desprende tu piel rozando contra la mía. Abro un poco los ojos, percibiendo así el rayo de sol que se cuela por la ventana iluminando el escritorio repleto de hojas con mil garabatos que no me llevan a nada.

 Pongo atención y soy capaz de percibir el choque que tiene la brisa sobre el roble que ocupa el jardín, como sus hojas colisionan entre sí y aquellas que no son tan fuertes caen sutilmente sobre el césped.

 Me incorporo y noto un dolor de tripa no tan desagradable. Son las mariposas que hay detrás de mis ojos. Las que calladas y al mismo tiempo indiscretas, caen en picado hacia mi tripa. Y es entonces cuando me miras o simplemente tus dedos se deslizan sobre los recovecos de mi cuello. Inyectando esa chispa que quema, capaz de derretirme.

 Son los secretos que guardo en esa caja que huele a madera vieja y polvo.
Son aquellos sentimientos que se graban en un anillo de esperanza o en una piel sin ánimos.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Esperaba.



Miraba a través de aquella ventana al cielo azul pálido y a los ligeros toques malva que resaltaban sobre éste.
 Mientras lo observaba, me percaté de que, una vez más, te echaba de menos. Me resultaba completamente imposible resistirme a mirar hacia tu ventana, en la calle de enfrente, esperando tal vez que aparecieras con tu taza de café caro en mano y que, al beber, te mancharas la parte superior de tus labios con espuma y me hicieras reír.

 Esperaba que simplemente volvieras a levantar aquella persiana que llevaba sin moverse nueve largos meses, que gritaras y te escuchara toda la calle que me querías. Me encantaría que pudieras regresar de esos tres metros bajo tierra que te tienen atrapado, lejos.

 Y ahora, desde el alfeizar puedo apreciar el cielo negro sin estrellas. Ahora que me he dejado caer sobre la cama y las lágrimas no hacen el esfuerzo por detenerse, sé que te echo de menos, que serás la única estrella diminuta que me observa sin siquiera yo ser consciente, que moriré intentando olvidarte.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Aquel fue el día.



Aquel fue el día. El día en el que decidiste marcharte por la puerta sin siquiera echarme un último vistazo.

 Aquel fue el día en el que el peso que llevaba sobre mi espalda acabó tirándome al suelo sin importar las cicatrices que se empezaban a abrir por el impacto.

 Claramente. Aquel fue el día en el que tus ojos me sonrieron por última vez. Tus pasos resonaron, haciendo crujir las maderas. Tu mano cerró la puerta. Ya no estabas.

 Aquel fue el día que empecé a crecer, a hacerme fuerte a raíz de los pocos trozos que rellenaban el interior de mi vacío pecho. Aún lo siento.

  Puedo percibir aún  tus manos rasgando mi pecho, arañando mis pulmones y arrancando de cuajo aquel órgano que solía contener la mayoría de cosas que se refieren a ti. Recuerdo verte clavando las uñas y rompiendo en trozos diminutos aquel corazón, dejando solo un trozo pequeño rellenando algo que ya no tenía sentido.

 Aquel, simplemente fue el día. El dia en el que mi corazón dejó de oprimirse y estalló.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Somos nosotros, pero sin el nosotros.



 Es el manejo ágil que hay en tus dedos, deslizándose con cuidado sobre mi espalda. 
Es el movimiento de tus caderas, atrayendo las mías, fabricando una perfecta danza.
Son los lunares que decoran tus pómulos. 
Tu abdomen en el que mis manos se deslizan. 
 Es tu corazón intacto rompiendo el mío.
Otra vez. 

 Son mis lágrimas.
El mapa fracturado que ambos construimos.
Es el acantilado donde el miedo se esconde y la rabia fluye.
El frío de mi cuerpo.
La cama vacía sin motivo. 
La melodía melancólica. 
El adiós escrito en letras cursivas.
Es el poema donde nada se entiende. 


Somos nosotros descubriéndonos.
Somos nosotros, pero sin el nosotros

jueves, 5 de noviembre de 2015

Tiempo.



No hay presente. Ni siquiera esto que estáis leyendo es presente, porque ahora mismo es completamente pasado. Y ahora. Sigue pasando.

 El tiempo se nos escapa de las manos como si de agua se tratase. Estamos muriendo desde el día que nacemos. Nos miramos en el espejo, esperando ver que todo sigue en orden, pero cada día nos pudrimos, nos desgastamos y no hay manera de frenar a la muerte.

 Tarde o temprano nos envuelve con sus brazos fríos, se lleva con ella el alma, dejando en tierra un cuerpo, que en unos diez años simplemente será un leve recuerdo una vez al año y poco a poco, desaparece.

 Me estoy muriendo, es cierto, esto no es presente, es pasado, ¿Qué voy a hacer? Te quiero en pasado y futuro, pero aunque te piense también en presente, pasarás a pasado y a su vez, a futuro.

 Y de nuevo el tiempo me resbala, me atasco en el pasado, presente y futuro en vez de correr y abrazarte, de decirte lo que miles de veces escribo en cartas encerradas bajo el colchón de mi cama. No te busco porque tengo miedo de que sea tu presente y pase a tu pasado. Tengo miedo porque incluso si tuviéramos futuro, el tiempo dado me parece tan limitado. Porque quiero más que tiempo contigo.

 Me gustaría navegar en tu mar, surfear tus olas sin horario, ahogarme en tu océano cuando llegue, pero no quiero perderte, no quise ayer, no quiero hoy, pero, ¿Quién sabe mañana?