domingo, 26 de junio de 2016

Contigo.



Vamos a jugar. 
Voy a besarte los puños hasta ver desaparecer los cardenales.
Voy a acariciar tu cadera hasta que llores de la risa. 
Besaré tu cuello hasta que me supliques que pare.
Te sonreiré hasta que me duelan los pómulos. 
-

Porque si algo tengo claro es esto, pero contigo. 
Que cada día al dormir, te sueñe.
Que cada amanecer pueda besarte la frente al verte a mi lado.
Que cada mañana pueda despertarte.
Mirarte.
Susurrarte. 
Y que no, que no me voy de tu lado. 

 Y ahora mismo el mundo va a estallar. 
Pues nuestros meteoritos van a colisionar.
Van a fundirse.
Voy a hacer el mundo nuestro, cariño.
Pero siempre contigo.

domingo, 12 de junio de 2016

Chica laberinto.

Ves? De un día a otro, te perdiste.
No debiste entrar en mis ojos,
encabezar una marcha por mis nervios,
caminar sobre mis pulmones,
saltar en mi corazón.

  No debiste retorcer mis entrañas,
dibujar mariposas en mi estómago,
llenar de fantasía mi cerebro. 

 A pesar de todo, te perdiste.
Acabaste golpeado por mis pulmones, estallando.
Magullado por mi corazón, rompiéndose. 
Terminaste gritando alimento, pues no llegaba sangre a mi cuerpo.
Temblaste cuando de golpe, me paré.
Cuando decidí echarte de mi pecho.
Cuando te aplasté a ti y tus mentiras.

 Encontraste entonces la salida.
Enrojeciste los trozos de mis pulmones.
Irritaste mi garganta.
Rompiste mis dientes. 

 Acabaste fuera de mi laberinto.
Fuera de mí y de todo lo que tenía que ver conmigo,
tuviste suerte, pues aquel laberinto que era yo, 
acabó en ruinas al verte con otro laberinto más simple.
Porque mis paredes retorcidas, se hundieron.
Porque dejé de perder gente para perderme a mi misma.

lunes, 16 de mayo de 2016

Rabia.

 Admito que la rabia me supera.
Que es ver las indirectas que os lanzáis, y detenerme.
¿No soy suficiente? 
Mi pecho no puede evitar partirse, desangrarse.

  Intenté dejar de sentir, ahogarme en mi pequeño
y solitario mundo, donde no hay cavidad para recordarte. 
Pero siempre arrasas con mis planes, inundas mis recovecos.

   Estoy harta. 
Hasta las narices de sonreírte sabiendo que tus trabaduras 
de palabras eran porque no se las decías a la correcta.
Que mientras me abrazas ahora, piensas en ella todo momento.
Que tus labios me besan por compromiso aunque solo desees los suyos.

   Y estallo en esta batalla interna.
Me dejo caer. 
Siento con la punta de mis dedos como la soledad pisa cada uno
de mis músculos y me hundo.
Riego la planta de dolor que me envuelve con mis lágrimas.
Dejo de latir.

sábado, 30 de abril de 2016

Adiós.



Aquel día le dije adiós.
Grité que se fuera.
Mi cabeza susurraba que se quedara.
Sabía que él era demasiado.
Que yo era muy poco.

 Le supliqué que se marchara.
Él insistió en quedarse.
Mi corazón lloraba.
Se rompía.

 Era lo justo.
Él no debería ser mío.
Suya yo de alma siempre sería.

A veces hay que hacerlo.

jueves, 28 de abril de 2016

Súplica.


Ven, no tengas miedo.
Te suplico que vuelvas,
que yo ya no puedo.
Abrázame, lo necesito.
Escúchame.
No me repliques si te grito.
Que yo necesito vivir,
necesito rozar tus labios,
necesito eso para no morir.
Y ahí estás.
Huyes;
Gritas;
Rompes.
Has quemado los pétalos de mi sonrisa.
Las lágrimas son la savia de aquella rosa.
De aquella que antes se mecía con la brisa.
Y que, ahora, muere perezosa. 




jueves, 24 de marzo de 2016

Hoy llueve.



 Hoy llueve.
Llueve sobre el asfalto que tengo a mis pies.
Se reflejan en tu cara relámpagos de felicidad.
Truenan palabras que me hacen llover.
Las nubes se compadecen y chocan, desesperadas.
Las ballenas cantan agonizantes melodías que me apagan.

 El gris de mi cuerpo es preocupante.
El sol se fue hace tiempo.
El viento azota mi cabello y lo arranca.
Me caigo por acantilados.
Mi cabeza se rompe contra las rocas.
La marea me lleva.

 Estoy perdida;
Rota;
Cansada;
Consumida.



miércoles, 9 de marzo de 2016

Desgarre.



Empecé a creer que realmente estaba rota cuando te vi.
Cuando te vi y no era conmigo.
Cuando tus manos se entrelazaban con otras que no eran las mías.
Cuando tus sonrisas las provocaba ella.
Cuando era ella la que te besaba en aquella galaxia que tenías por labios.


Me rompí al llegar a casa y ver que no eras tú el que me recibía.
Grité;
Lloré;
Desgarré;
Caí.
Acabé aplastada sobre la que solía ser nuestra cama.

Sobre millones de risas que ahora sonaban a nostalgia.