miércoles, 25 de enero de 2017

Un pequeño momento.






Qué daría yo que fuésemos eternos.
Que te fundieses en mi piel para no echarte más de menos. 

 Qué daría por verte y acogerte entre mis meñiques,
donde sabes perfectamente que me encanta que me beses. 

 Y que este pequeño momento,
mientras te digo que te amo y te aprietas.
Mientras me miras como si fuese todo.
Fuere más que lo que es; un pequeño momento. 

 Detenerlo todo. 
Pararlo como cuando me muerdes el labio y sonríes después de un beso.
Detenerlo oyendo como susurras cuán importante soy para ti. 
Cuando dices que mi sonrisa es la más bonita.
Y te duermes oyendo mi voz. 

 Ojalá los momentos fueran eternos.
Pero nos hemos atascado en este pequeño momento. 
Y me parece bien. 


 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Ida.

Me gustaría poder decir que te sigo encontrando cada viernes a la salida.
Que he olvidado tu manera torpe y temeraria de caminar.
De caminar en mi propio asfalto.
De mirarme desde todos los ángulos siendo siempre hermosa.
Que dejes lo demás, porque yo estoy.

 Y a veces me siento perdida.
Con el asfalto atragantado.
Tropezando con la cordura que perdí al verte sonreír.
Rasguñándome el pecho.
Cayendo de boca por devorar tus labios.

 Y siento que ahora debería callarme.
Sigo siendo presa del miedo.
Del miedo por algo que ya no es mío.
Y que, sin embargo, parece serlo.

 Era el mayor de los huracanes.
Y tú suavizaste cada ráfaga.
Me convertiste en una suave brisa de verano.
Aunque fuera invierno la primera vez que me abrazaste.
Y primavera cuando me uní a ti.

 Y me toca verte marchar, con todo.
Con mis miedos perdidos por el camino.
Con la sonrisa caída.
Y las piezas de mi pecho rellenando innecesariamente un corazón perfecto.

martes, 25 de octubre de 2016

Le vi.






Le vi divagar entre las sonrisas tímidas de los turistas en aquella ciudad con costas marrones que hacían ver el alma verde.
 Caminaba con un paso decidido, aunque escondía la inseguridad del que posee los peores infiernos.
Y me miró. A mi. Entre aquellas miles de luces. Se fijó en la tiniebla. El espectro tambaleante.
  Caminamos, poco tiempo, y eso nos bastó para perdernos entre nuestros infiernos, cada vez más limpios y más llenos de luz.
 Os juraría que hizo de todo el infierno, un jodido paraíso.
Que desde entonces si agachaba la cabeza, se encargaba de levantármela y besar mis lágrimas, callándome los llantos y resolviendo mis sonrisas.
 Y quién diría que iba a quedarse.
 Me impresiona tenerle cada día aquí, manteniendo algo que empezamos por casualidad.
No me arrepiento de intentar conocerle.
De querer saber de él.
De tropezar con piedras y caer al suelo...Si sé que va a estar conmigo pase lo que pase.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Me faltas.


 Empecemos por escribirle cartas a tus sonrisas muertas, para decirles a ellas que sigo esperando que el tren pare en el andén de mi soledad, y que me abrace. Que sigo tumbada sobre el charco de tus besos, sabiendo que el suelo está seco y que las nubes no van a lloverte por mucho tiempo. Quizá jamás.

 Sigamos leyéndole a mis miedos, con tu voz como portadora de los recuerdos más felices de mis pesadillas. Con tu implacable tacto impregnando mis nervios, alborotando mis ganas de lanzarme por la borda sin siquiera pensar en otra cosa si sé que vas a estar esperándome en el fondo.

 Si me esperas... Te juro que si me esperas por un segundo más, voy a lanzarme por este nudo de la garganta que me aterra desde el día que no he vuelto a respirar... Porque me has faltado tú desde el principio de esta historia larga y sin sentido, escrita desde algún escondido lugar en mi pecho, donde tengo problemas hasta para que la sangre me circule si no estás tú diciéndome lo hermosa que te parezco. Aunque sea una mentira que simplemente quiero oír.

 Terminemos de leer esta absurda y cursi teoría de que vas a volver, que no hay mejor puzzle que tu sonrisa mezclada con los besos que te pedía a lo lejos, cuando no podía sentirlos. Vamos a creernos que seguimos latiendo a ritmos disonantes, pero constantes. Que cuando dejes de latir tú, te siga yo y viceversa. Vamos a acabar de escribir, porque lo cierto es que soy yo la única que escribía desde el principio.

sábado, 13 de agosto de 2016

Y me besas.

 Ven, vamos a besarnos.
 A hacerlo con la delicadeza de un te quiero tímido.
Con el coraje de aquel que tiembla de amor y habla.

 Marchémonos.
Al viaje escalofriante de verte sonreír.
Al miedo de llorar porque quieres demasiado.

 Vamos a querernos.
Sin puntos, comas o paréntesis.
Escribamos nuestra historia interminable.
Aquel libro que tiembla por tener escrito tu nombre.

 Y como decía antes, vamos a besarnos.
Corre, que el tiempo apresura.
Se acaba.
Se detiene.
Estás aquí.
Sonrío.
Y me besas.

domingo, 7 de agosto de 2016

Lluvia.



 Nos subimos en una nube.
Ni siquiera sé cómo tronó.
Pero la tormenta nos alcanzó.
Los rayos pulverizaron tu corazón.
Las sonrisas desfallecieron. 

 Estallé en mitad de la tempestad.
El viento envolvió mi cuerpo.
Caí sin darme cuenta.

 Me dolían los pulmones.
No me alcanzaba el oxígeno.
No pude más.
Acabé siendo lluvia.
De esa con la que te gustaba besarme.
La melancólica.
Inspiradora de los escritores decaídos.

 E iba cayendo una y otra vez, a pedazos.
La calle estaba esparcida de mi tristeza.
De mi dolor.
De mi corazón.

sábado, 23 de julio de 2016

La lentitud de un te amo contenido.




Me hundo entre nuestras respiraciones.
En el choque de nuestros pulsos acelerados y la lentitud de un te amo contenido. 
En la caricia sobre aquel punto que nos hace tan débiles. 
En el beso más eufórico y cargado del mundo. 

  Y aún no me puedo creer esto. 
Que solo lo recuerde.
Que no pueda volver.
Que solo me quede la memoria, el esperarte. 
Sabiendo que no tengo lugar.
Que tu pecho cobija otra sonrisa y la mía sigue atrapada. 
Buscando la manera de encenderse.
Sin ti.